Ribeyro fue un clarividente, un visionario, el mejor del siglo XXI - Félix Terrones

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Bien podría la obra de Julio Ramón Ribeyro abrirse y cerrarse con una colección monumental como “La palabra del mudo”, que lo encumbra –según un consenso más o menos unánime– como nuestro cuentista mayor. Y, sin embargo, ocurre con él lo mismo que con los más grandes autores: de pronto empieza a surgir una fascinación por el escritor como persona que excede a aquella dedicada a su literatura. No es un interés gratuito, ciertamente. El propio Ribeyro se encargó de dejar trazos de su vida personal en una obra vasta y más bien indefinible. Y el interés por esa veta de su obra es cada vez mayor.


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El escritor Félix Terrones publicó, en coautoría con Luis Hernán Castañeda y Paul Baudry, el libro “Cuadernos de Obrajillo” (Peisa), en donde los tres autores peruanos abordan en diferentes registros las vidas y obras de Ribeyro y José María Arguedas. Terrones apunta que si bien el núcleo duro del trabajo del ‘Flaco’ son sus cuentos, el resto está compuesto sobre todo por aforismos, prosas inclasificables, páginas de diarios, cartas personales, incluso entrevistas.


“Dejando de lado las novelas, el grueso de la obra de Julio Ramón Ribeyro –todavía no del todo publicado– nos interpela ahora por su recalcitrante modernidad de fragmentos, el juego de citas, reflexiones especulares, esa intimidad que se revela y que al hacerlo se mistifica más”, reflexiona Terrones. Y remata: “La sibilina convención plantea que Ribeyro fue el mejor escritor decimonónico del siglo XX. Los lectores del presente podemos, por fin, corregir: fue un clarividente, un visionario, el mejor del siglo XXI”.


Un interesante rescate reciente ha sido “Cartas a Juan Antonio. 1953-1983” (Revuelta), que recupera toda la correspondencia que Ribeyro le envió desde Europa a su hermano Juan Antonio. Se trata de un conjunto atractivo no solo por la sobria prosa del escritor, sino por la intimidad que se revela de dicho lazo fraternal (un vínculo considerablemente menos abordado por la literatura que el de padres o hijos).


Jorge Coaguila, compilador y editor de estas “Cartas a Juan Antonio”, señala que en los últimos años ha surgido un interés general en nuestra lengua por diarios íntimos, cartas, textos autobiográficos y reportajes. “Ribeyro ya había reclamado en 1970 a los autores peruanos que no se centraran solo en la novela, el cuento, la poesía y el teatro –afirma Coaguila–. Es decir, los géneros más antiguos, los que se cultivaban en Grecia. Decía: ‘Nos falta esa extensión que le da a la literatura géneros más tardíos o géneros ancilares: ensayos, memorias, autobiografías, diarios, correspondencia y los subgéneros’. Con el tiempo, los lectores se han dado cuenta de que Ribeyro no solo es el gran cuentista, sino también quien impulsa y cultiva los textos privados con calidad literaria”.


Por: Juan Carlos Fangacio Arakaki - El Comercio



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