"En París, más feliz, más decente ahora, aquí, escuchando a Bach qué aplaudido, obsequiado, prostituido en Lima". - Julio Ramón Ribeyro - Julio Ramón Ribeyro

Lo nuevo

"En París, más feliz, más decente ahora, aquí, escuchando a Bach qué aplaudido, obsequiado, prostituido en Lima". - Julio Ramón Ribeyro



La fama no es lo que uno imagina desde el otro lado de la pantalla de los diarios, en la mayoría de los casos puede ser agotadora, agobiante, aburrida, donde se llega a añorar la inicial, amada y lejana tranquilidad del anonimato. El escritor peruano Julio Ramón Ribeyro describe este estilo de vida como algo incapaz de llenarlo, de hacerlo feliz, esto es lo que nos comparte en las páginas de sus diarios:


"La tentación del fracaso", 31 de diciembre de 1973


"Mi viaje a Lima, de donde regresé Hace 2 años días, ¿glorificación o suicidio? Por un lado, claro, los agasajos, el reconocimiento, la consideración, el afecto, los elogios tardíos, pero casi unánimes, las invitaciones, ofertas, promesas y pagos... Pero por otro, físicamente, ¿no es acaso un acto de demencia haber tregado mi pobre cuerpo a un trajín intolerable el mismo año en qué he estado dos veces al borde de la muerte? Tragos, comilonas, conferencias, entrevistas. Y moralmente, sensación de haber sido quizás en el fondo manipulado, puesto en mercado como un producto cualquiera, envilecido por la publicidad  y maculado por la propaganda. Expuesto el asedio de repugnantes reporteros, fotografiado en actitudes de una obscena intimidad. ¡Qué resistencia he tenido para vencer para ofrendar esa situación! Si no fuera por esa áurea y realidad que cobra el mundo cuando tengo que aparecer en público y dirigirme a un auditorio, es estado sonambúlico en el cual dejó de ser yo mismo para delegarme en un ser subalterno que me reemplaza y obra en mi nombre, sin mucha responsabilidad además, pues al día siguiente yo no reconozco apenas en sus actos o en sus palabras. 


TE PUEDE INTERESAR:


Mundo ficticio el de la fama por local o provinciana que sea, qué nos circunda además de una pantalla adulona y a veces servil, impidiéndonos ver lo que hay detrás de todo ello y que es seguramente lo verdadero


En este sentido la elección de humildad que fue para mí la conversación de una hora con Lucho Loaiza en Miraflores, que llegó también a Lima y sin aspavientos. En él me vi yo mismo, pero perfeccionado e invulnerable. Reencontrar en París la oscuridad y el aislamiento. Más feliz, más decente ahora, aquí, escribiendo esta página, escuchando a Bach y oyendo jugar a mi hijo, qué aplaudido, obsequiado, prostituido en Lima". - Julio Ramón Ribeyro