Prologo a la tesis de Marc Vaille-Angles - Julio Ramón Ribeyro - Julio Ramón Ribeyro

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Prologo a la tesis de Marc Vaille-Angles - Julio Ramón Ribeyro


PROLOGO A LA TESIS DE MARC VAILLE-ANGLES


Los cuentos que integran "La palabra del mudo" constituyen un intento de representación de la sociedad peruana, en particular de la limeña, a través de personajes, situaciones, temas o símbolos propios de un país latinoamericano en vías de desarrollo y en proceso de mutación. Como toda tentativa de esta naturaleza se trata de un esfuerzo fragmentario, inconcluso y parcial.



Fragmentario por cuanto el género utilizado -el relato corto- no permite darle a esta representación un carácter unitario y global, como sí podría darlo una novela. El cuento permite a lo más acopiar materiales diversos, yuxtaponerlos, pero no verdaderamente construir un conjunto continuo. Entre cuento y cuento queda siempre espacio por llenar, esos terrenos baldíos de la literatura, en la que cabe aún la edificación propia o la ajena.


Inconcluso en la medida en que es imposible seguir, cuando se escribe, el ritmo acelerado con que se transforma la realidad. Prácticamente, la sociedad que yo describo es aquella que viví y observé entre los años 1940 y 1960. La época de mi adolescencia y primera juventud. La época en que Lima dejó de ser una pequeña ciudad para ir convirtiéndose en una gran urbe. La época de la migración "salvaje" de campesinos hacia la capital y la aparición de las enormes barriadas. La época en que la clase media -burócratas, empleados, pequeños comerciantes, intelectuales, profesionales sin fortuna, etc.- empieza a constituirse como clase social, sin renunciar a sus anhelos de promoción social ni a su temor de proletarizarse. La época de la dependencia, de la desesperanza, de la incertidumbre, del esfuerzo fallido, de la ilusión no recompensada. La época de la oligarquía omnipotente y del militarismo fanfarrón, que aparecen en mis cuentos solo en forma esporádica, pero que forman como el telón de fondo o el contexto de un mosaico narrativo que alguien ha definido como una "alegoría de la frustración. "


Finalmente, se trata de una representación parcial si tenemos en cuenta que la objetividad, en materia literaria, es una ficción. En todo autor hay un "parti pris" declarado u oculto. El mío me parece que está implícito en la mayoría de mis cuentos y por razones quizás más temperamentales que ideológicas: inutilidad del combate solitario, poder compulsivo y manducativo de la sociedad dominante, búsqueda infructuosa de la dicha, de la seguridad o de la prosperidad. En una palabra, pesimismo. La palabra tal vez es exagerada. Yo no me considero realmente como un pesimista, sino como un escéptico optimista. Lo que puede parecer contradictorio. Esta especie, más numerosa de lo que se cree, conserva cierta esperanza secreta en que las cosas tal vez se arreglen, en que todo no puede ir para mal en este mundo, en que el hombre, a fuerza de padecer y de perecer, terminará por encontrar una forma de vida compatible con sus anhelos esenciales y que inventara finalmente una sociedad viable. ¿Cuál? Como escéptico no puedo indicar ninguna receta, como optimista creo que la receta existe. Sencillamente, hay que encontrarla.


París 1974.