Los Cautivos - Julio Ramón Ribeyro (reseña y cuento)

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El personaje protagonista, de quien no se da el nombre, vive en una pensión burguesa de las afueras de Fráncfort, donde lleva una vida bastante ociosa. Un día descubre en el patio interior un montón de pajareras que cuida con esmero un hombre mayor, que resulta ser el dueño de la pensión. Entabla conversación con él y este experto en ornitología le alecciona sobre especies y comportamientos, y le presta libros de su biblioteca. 


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Al descubrir su procedencia peruana y enterarse de que el Perú fue el primer país latinoamericano en declarar la guerra a Alemania, le retira la palabra. El protagonista descubrirá más tarde una foto del viejo vestido de soldado ante una alambrada de Auschwitz que parece una pajarera gigante. Narrador en primera persona, omnisciencia parcial: se conoce lo que piensa y siente el personaje, pero no se traslada esa omnisciencia a la historia narrada, la de Hans Hartman, a la que el protagonista asiste como testigo. 


El protagonista se define como “inseguro de sí”, “triste”. Es un fracasado, ocioso, dedicado a un “asunto que me era completamente indiferente”, desvinculado de su tarea, del lugar donde vive, y finalmente, asimilado a los pájaros cautivos del dueño de la pensión: creemos que es lícito citar esta asimilación sin caer en la interpretación subjetiva alejada del texto, porque al inicio se utiliza, significativamente, el adjetivo “exótico” para definir al personaje en relación con el resto de inquilinos de la pensión, y puede deducirse que el descubrimiento final de la naturaleza de la cautividad de los pájaros es a la vez un descubrimiento acerca de su propia naturaleza cautiva.


El lugar es significativo, de nuevo cobra significación en cuanto que interiorizado por el personaje, las características del lugar “externo” son en realidad la orografía del lugar “interior”. El protagonista vive en una pensión “de gente de paso”, y en un país que no es el suyo, que se encuentra lejos, al otro lado del Atlántico. La relación con la ciudad en la que reside, Fráncfort, es de desligamiento: “El centro de Fráncfort me atrajo al comienzo, pero terminé por renunciar a él”. Para el señor Hartman es un “extranjero”, y el descubrimiento de su país de procedencia será la causa de la ruptura de la relación entre ambos. El lugar comparece como un entorno inhóspito, donde el individuo se siente extraño y extranjero, y donde no es posible establecer relación. 


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