JULIO RAMON RIBEYRO SEGUN ALFREDO BRYCE ECHENIQUE - Julio Ramón Ribeyro

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martes, 16 de noviembre de 2021

JULIO RAMON RIBEYRO SEGUN ALFREDO BRYCE ECHENIQUE




Hace algunos párrafos dije que yo había viajado bajo el resplandor de los grandes maestros del mundo de la literatura latinoamericana y de la suerte que había tenido de conocer al primero de mis dos Julios: Julio Cortázar el segundo fue Julio Ramón Ribeyro un hombre que para mí siempre había tenido una aureola tan entrañablemente mágica como lejana, casi inalcanzable. 


En mis sueños de estudiante de derecho, había visto unos quioscos en el parque universitario dónde quedaba mi facultad en qué se vendía en libros a precios populares encima de esos kioscos colocaban grandes ampliaciones de retratos de muchos escritores, realmente unos posters. Y ahí estaba siempre Ribeyro, con la mirada ausente sin duda, porque vivía en París. Conocerlo en esta ciudad fue para mí un honor, una alegría, la materialización de un sueño y a la larga el comienzo de un aprendizaje, que sin duda me ayudaría mucho a pasar de la segunda a la tercera etapa de mi crianza literaria, la domesticación de mi sueño de escritor y de la inclinación definitiva, espero.


Y yo viví lo de la disciplina al pie de la letra y terminé sintiéndome más culpable que nunca, el resplandor de los maestros del boom me llegó a cegar y paradójicamente el tiempo perdido en conversar con algunos malos escritores me resultó utilísimo para tomar una distancia que al fin de cuentas me acerco a mí mismo. Y en medio de ese largo camino estuvo siempre la amistad con Julio Ramón Ribeyro aquellos años parisinos en los que tanto aprendí de un escritor Aparentemente nada ejemplar Aparentemente poco disciplinado descuidado y negligente digamos que eran épocas de boom y que Julio Ramón el escritor menos resplandeciente con que uno podía toparse.


Y, sin embargo, de la conversación casi ininterrumpida con él entre 1968 y 1980 extraje más beneficios que de cualquier otro resplandor puede fácilmente concluir declarando que a la sombra de Julio Ramón Ribeyro logré encontrar amparo ante los en enriquecedores efectos de los todopoderosos maestros del boom.


¿Por qué sucedieron estas cosas? Me encanta responder esta pregunta es la forma más sencilla que hay en la forma más honesta, también, debo decir, pues no ha sido nunca otra razón ni otra tampoco la respuesta que me ha dado a mí biográficamente ecléctico como parece que sí o siempre en el fondo y condenado por desconfiado a observar el lado cómicamente grave de la realidad, por ello mismo, la idea trascendental de la disciplina militar en el trabajo literario empezó a desplomarse risueñamente en favor de una relación más alegre y vital entre vida y obra cuando tras haber querido inútilmente seguir los ejemplos y un Carlos Fuentes o de un García Márquez, o de un Vargas Llosa, entre otros dechados de disciplinalidad, me topé con la poca ejemplaridad de Ribeyro y tuve que reconocer que, si uno observaba las cosas de cerca y las llevaba hasta sus últimas consecuencias, sobre todo en cuestiones de disciplina y vida y obra, Julio Ramón Ribeyro resultaba ser el más ejemplar de todos.






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